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¡A LO BRAVO! Cúpula del PSUV se atornilla sin consultar a las bases rojas

El 9 de marzo de 2008 la militancia chavista dio una gran sorpresa a sus líderes. Aquel domingo, por medio de un proceso de segundo grado, los rojos escogieron a los miembros de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Los resultados no dejaron a nadie indiferente. Algunos los interpretaron como un castigo al entorno del presidente Hugo Chávez. Otros cantaron la derrota del sector militar y de la odiada derecha endógena, mientras celebraban el triunfo de la «izquierda» sobre la maquinaria, los kinos y las «desgastadas» figuras históricas.

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Los 15 más votados en esos comicios fueron: Aristóbulo Istúriz, Adán Chávez, Mario Silva, Jorge Rodríguez, Antonia Muñoz, Carlos Escarrá, Nohelí Pocaterra, Vanessa Davies, Cilia Flores, María León, Nicolás Maduro, Alí Rodríguez Araque, Héctor Rodríguez, Elías Jaua Milano y Érika Farías.

Como suplentes entraron en la cúpula María Cristina Iglesias, Diosdado Cabello, Héctor Navarro, Freddy Bernal, Luis Reyes Reyes, Jacqueline Farías, Rafael Ramírez, Willian Lara, Ramón Rodríguez Chacín, Rodrigo Cabezas, Ana Elisa Osorio, Darío Vivas, Yelitza Santaella, Tarek El Aissami y Alberto Müller Rojas.

Todo igual

El PSUV se alista para realizar del 26 al 28 de julio su tercer Congreso nacional. Los organizadores ya informaron que no renovarán a sus autoridades nacionales en este cónclave. «No está planteada la elección de la nueva directiva. El congreso será de carácter programático e ideológico, donde lo fundamental será la discusión», declaró el canciller Elías Jaua al diario Últimas Noticias el 7 de febrero.

El artículo 26 del llamado Libro rojo, que contiene los estatutos del PSUV, establece que los integrantes de la dirección política nacional «durarán tres años en el ejercicio de sus funciones». Para seleccionarlos, pueden aplicarse diversos métodos: elección directa, universal y secreta, cooptación, comicios de primer, segundo o tercer grado, opinión y consenso, reseñó el portal del diario El Universal.

Sin consultar a las bases, el difunto Chávez movió sus fichas para reorganizar el partido. En una de esas reestructuraciones, a finales de 2011, designó a Diosdado Cabello como primer vicepresidente en sustitución de Cilia Flores.

Muchas cosas han pasado desde 2008. Carlos Escarrá, Alberto Müller Rojas y Willian Lara fallecieron. Mario Silva y Vanessa Davies, los llamados «mediáticos» de aquella elección interna, ya no aparecen todos los días en Venezolana de Televisión. Algunos perdieron cargos y otros subieron en la pirámide burocrática.

«Cabello ha cobrado mucha fuerza dentro de la organización, pero aquí también ejercen gran influencia los gobernadores y alcaldes que controlan sus territorios», resume un diputado del PSUV.

Toda elección entraña competencia. ¿Postergar la renovación de la dirección nacional evitará que salgan a la luz las diferencias en el seno del chavismo? «El remedio de evitar la renovación de las autoridades es peor que la enfermedad de las rencillas. Si no hay renovación, la división, la fragmentación, va a profundizarse de manera más dañina», responde Jesús Silva, profesor de Estudios Políticos y abogado constitucionalista que simpatiza con la revolución. Silva considera que «no hay pretexto para evitar esa consulta popular tan necesaria y exigida por las bases».

El artículo 67 de la Carta Magna promovida por Chávez señala que los «organismos de dirección» de los partidos, así como sus candidatos a cargos de elección popular, «serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes».

El académico de la Universidad Central de Venezuela estima que los rojos no deben tratar de ocultar sus diferencias. «Hay contradicciones que son necesarias», acota. Silva enfatiza la necesidad de escuchar a la militancia. «La esencia fundamental de un partido tiene que ser la manifestación de voluntad de sus integrantes. Las autoridades actuales tienen su período vencido y su elección debería ser incluida en el Congreso», sostiene.

Chávez quitaba y ponía nombres. Salvaba a sus más estrechos colaboradores del ataque de las bases. Pero ahora, ya no está. Silva indica que el PSUV debe adaptarse a esta nueva situación, apostando por líderes que superen la polarización, derroten la violencia e impulsen una economía productiva. «Este Congreso tiene muchos retos, pero para que tenga sentido hay que ejercitar una verdadera apertura democrática con la escogencia de nuevas autoridades», concluye.

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