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¡DESATÓ LA FURIA ROJA! El artículo de ‘The New York Times’ que enfureció al régimen de Maduro

El diario estadounidense The New York Times hizo frente, a través de un reportaje, a la situación que se vive en la frontera Venezuela- Colombia. El hecho causó gran malestar en el gobierno de Nicolás Maduro. 

El escrito, firmado por William Neuman, reseñó que cientos de colombianos están huyendo ante la “represión” de la que han sido objeto los inmigrantes de dicha nacionalidad.

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El artículo plantea lo siguiente:

A fines del mes pasado, el presidente Nicolás Maduro de Venezuela declaró el estado de emergencia en las zonas que colindan con Colombia, cerrando la frontera y ordenó una redada masiva de inmigrantes colombianos. En un decreto emitido el 21 de agosto, advirtió que el tráfico de drogas, el contrabando y la violencia rampante en la frontera hicieron necesario suspender los derechos básicos, como las reuniones públicas y manifestaciones. Después que las autoridades venezolanas desalojaron a colombianos de sus casas, algunas viviendas fueron marcados con la letra D, lo que significa que serían demolidas.

Se trata de una crisis fabricada en busca de popularidad


No hay, de hecho, alguna crisis que requiera estas medidas extraordinarias a lo largo de la frontera, donde los colombianos y venezolanos han convivido amigablemente a través de los buenos y malos momentos. Todo ha sido un montaje, una crisis fabricada por un presidente cada vez más impopular que está desesperado para reforzar el apoyo de su partido antes de las elecciones parlamentarias previstas para el mes de diciembre.

La popularidad del Sr. Maduro cayó a 24 por ciento en julio, lo que refleja la creciente consternación pública con las políticas gubernamentales que han llevado al aumento de la inflación, una moneda devaluada severamente y el empeoramiento de la escasez de alimentos. Para evitar una derrota a moretones en las urnas, el Sr. Maduro ha encarcelado a destacados políticos de la oposición y ordenó que los demás sean descalificados de aparecer en la boleta electoral.

Créditos: The New York Times.

Créditos: The New York Times.

En busca de nuevos enemigos


El saco de pelea del Sr. Maduro ha sido Estados Unidos, acusándolo de trabajar bajo cuerda para derrocarlo del poder. Pero a medida que las relaciones entre Washington y Caracas han mejorado marginalmente, el Sr. Maduro ha optado por desviar la atención de los problemas del país recogiendo peleas innecesarias con sus vecinos. A principios de este año, reavivó una disputa territorial largamente latente con Guyana después de enterarse de que Exxon Mobil había descubierto reservas de petróleo en aguas de Guyana, alegando tener derecho a una cantidad de dos tercios de Guyana, un pequeño país de cerca de 800.000 personas.

Luego Sr. Maduro volvió su atención a la frontera occidental, donde sus payasadas han interrumpido un importante corredor comercial, ha separado familias y desplazado a cientos de personas de sus hogares. Mientras las fuerzas de seguridad venezolanas comenzaron a buscar casa en casa a los colombianos que el gobierno dijo que estaban en el país sin autorización, cientos de colombianos huyeron a pie a través de la frontera, algunos a pié a través de un río fangoso, llevando unas pocas pertenencias encima.

Las autoridades colombianas se han abstenido con sensatez de una guerra de palabras que podría aumentar el fervor nacionalista en Venezuela. El Sr. Maduro, por su parte, ha sido característicamente simplista. La semana pasada la televisión venezolana lo mostró haciendo ejercicios de hombros en una máquina de gimnasio que parecía demasiado pequeña para su cuerpo fornido. Sonriendo ampliamente, desafió a un destacado político colombiano a una pelea a puñetazos. El Sr. Maduro debería centrarse en la pelea real que tiene a la mano: en las urnas. Alienar aún más a sus vecinos sólo profundizará los muchos problemas de Venezuela.

Créditos: The New York Times.

Créditos: The New York Times.

Algunos testimonios


La investigación dio cabida para los distintos testimonios de quienes han padecido la medida de cierre fronterizo y estado de excepción en varios municipios del Táchira.

Ejemplo de ello, es Henderles Suárez, un trabajador de construcción, que en medio de la oscuridad esperaba con su esposa e hija para cruzar el Puente Simón Bolívar a su natal Colombia. “Esto es desgarrador”, lamentó.

Suárez narró que ha vivido diez años en Venezuela, pero su temor al ver a sus compatriotas detenidos y deportados, casas marcadas listas para ser derrumbadas, lo llevaron a abandonar voluntariamente la nación.

Y es que la marca y demolición de casas han traído una lluvia de repudios. “Yo no veo la justificación en absoluto”, declaró el venezolano Jairo Gómez, dueño de un negocio de venta de empanadas, respecto al tema.

Él construyó una casa en una barriada que lleva el nombre del argentino Che Guevara, y ahora le preocupa el hecho de perderla.

Pero historias como estas son muchas. Algunas de ellas lamentan haber dado un voto de confianza al denominado proceso revolucionario. “Éramos chavistas, pero ahora nunca más”, aseguró otro afectado, identificado como Wilson Velazco.

“Maduro es un payaso, para no usar una palabra más ofensiva (…) Si Chávez estuviera vivo, él nunca hubiera permitido esto“, aseveró.

La publicación citada fue divulgada el pasado 27 de agosto, hoy el gobierno venezolano reclamó el tratamiento que se le dio a la información y lo calificó de “sesgado”.

Información de The New YorkTimes, traducido por La Patilla / Sumarium.



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