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¡ESTO DEBE PARAR! Fe y Alegría: “Accionar de bandas delictivas nos ha obligado a suspender clases”

El hampa sigue ganando espacios. La inseguridad que reina en el país amenaza la seguridad de los niños venezolanos, quienes han tenido que ser testigos de la degradación social venezolana.

Hace dos meses un vigilante del colegio Fe y Alegría ubicado en La Silsa, en Caracas, fue degollado en las instalaciones del plantel por unos delincuentes que entraron al recinto para robar bombillos y extintores, reseñó Efecto Cocuyo.

Foto: Ideas de Babel.

Foto: Ideas de Babel.

A días del suceso, la muerte del trabajador no ha sido lo único que ha sacudido a la organización: estudiantes, representantes y profesores también viven los riesgos de ir al colegio día a día. Sumado a la falta de alimentos, al hurto de equipos, a los cortes de agua y de luz, la violencia ha deteriorado el derecho a la educación y ha reducido las listas escolares, con un incremento de inasistencia que supera 60 %.

“En Caracas y Vargas hemos atravesado cosas muy difíciles. Están matando a nuestro personal y están atentando contra la vida de nuestros padres y representantes”, dijo Yameli Martínez, directora de escuelas Fe y Alegría en Caracas, “los maestros tienen que negociar con los delincuentes para llegar a las escuelas. Esta situación no es ajena en otros centros educativos“.

De los 171 centros educativos con los que cuenta Fe y Alegría en el país, la mitad se han visto afectados por la delincuencia y se estima que 30 % de los familiares y estudiantes han sido víctimas de la violencia, aseguró Noelbis Aguilar, directora nacional de las escuelas Fe y Alegría.

En un comunicado leído por voceros de la organización, las autoridades señalaron que reponer equipos de las instalaciones, luego de sufrir hurtos, es casi imposible debido a los altos costos. También apuntaron que las balas perdidas han dejado pupitres vacíos y más de un niño sin padre. De estos últimos, la organización contó un total de siete huérfanos solo entre los meses de enero y febrero. Dos de estos casos fueron niños que vieron a sus padres morir cuando los iban a buscar al colegio.

“A veces estamos en el salón y empieza una balacera. Los profesores nos dicen que nos quedemos quietos y nos echamos al piso”, explicó Diosnely Medina, una adolescente que estudia en el Colegio María Inmaculada, en Petare.

“El accionar de bandas delictivas, que protagonizan balaceras a pleno día, nos ha obligado a suspender actividades“, rezaba parte del comunicado.



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