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¡IMPERDIBLE! Leonardo Padrón nos plantea un salvoconducto para transformar a Venezuela

Se supone que debería comenzar esta columna con un tema neurálgico: la realidad nacional. Algo que aluda al desatino de quienes regentan el poder. Una reflexión sobre cualquiera de los escándalos habituales. Pero tengo aflicción en los dedos, que es decir en el ánimo, porque ellos – los diez, todos los dedos- son la prolongación de mi talante.

El alfabeto me ayuda a entender. Pero hoy no. Hoy siento al país como una intoxicación moral y quizás toca refugiarse en la intimidad del yo.

Entonces, te propongo un salvoconducto.

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Ensaya un método.

Desfragmenta tus hábitos. Cambia de silla. Elimina el polvo, allí donde has sido sombra o motín. Muda la televisión para el cuarto que nunca visitas. Si el cine no es tu vicio, estás a tiempo. Habita el teatro. Sé curioso, descubre la música de los libros. Trota hacia el sol.

Cuenta las nubes.

Convierte el cielo en frecuencia. Amuebla tu casa con tus delectaciones. Llena de sexo los rincones. Duerme al lado de los buenos recuerdos. Escribe algo de pie. Canta en italiano, así no sepas. Aprende a cocinar. Ensaya distintos nudos para la hamaca. Camina de forma exacerbada. Cuenta hasta tres, hasta cien. Practica a oscuras esa lengua excluida: la tolerancia.

Haz de tu ventana un reino. Y asómate. Detente en la ciudad. En su imagen estremecida. Dibújala. Mejórala.

Recorre tu edificio.

Convierte el ascensor en una experiencia social. Abraza a tus vecinos. Pregúntales si sufren de hipertensión, si les gusta algún deporte, si prefieren un escocés.

Descubre la acústica de la noche.

Tararea la belleza del mundo. Pon en orden tus contradicciones. Sé bueno en la lluvia. Sé simple.

En serio. Ensaya un método.

Que la disonancia del mal no sea estorbo. Haz de tu resistencia un prototipo. Baila a pesar del odio. Convierte las amenazas en salitre. Se tú mismo el antídoto. Busca el coraje en los detalles. No eludas la realidad, transfórmala. Arrójate a la poesía. Describe el apocalipsis y prepara su despedida. Escribe tus deseos. Sé granítico. Es tiempo de alegrías laterales. Sé una admonición de ternura. Eres el magma de la noche.

Si no sabes cómo, insiste.

Si lloras, abrázate al futuro. Se legitimó en tu furia, en tus árboles. Anótalo todo rigurosamente. Sé memoria. No olvides nada. No concedas. No exacerbes. Lucha contra el exilio de tu voz. Convierte la risa en profecía. Pon los antidepresivos al borde del albañal. Sustituye la neurosis por denuncia y té verde. Hazle un pozo a la mala conciencia.

Presta atención.

Presta atención a la masa doliente que hay en la calzada. La que escupe el metro. La que sube las escaleras de la pobreza. Pronuncia tu rabia. Rebélate con ironía. Sé quirúrgico en tu ética. Sé torrencial en la luz. Renuncia a la sangre en los adjetivos. Busca a los optimistas y hazles café. Que no cesen. Que su música no pare. Verás gente ambigua. Desconfía. No borres ni un solo teléfono. No olvides ningún rostro. Nos vamos a necesitar todos. Vive tu época. Constrúyela.

Sálvate. Transforma el país.

Publicada en Caraota Digital.



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