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¡TE LO MOSTRAMOS! Lo que dijo la esposa del profesor acusado de abusar sexualmente de 12 niños

A través de una carta, la esposa de Richard Marín, profesor de natación que fue enjuiciado por abuso sexual, expresó sentirse víctima tanto ella, como sus hijas y su esposo, de una gran injusticia.

A principios de julio, el Ministerio Público (MP) logró una medida de prisión para el profesor de 47 años de edad, por su responsabilidad en el abuso sexual de un menor de edad en el colegio Emil Friedman de Caracas, en tanto que Juan Carrillo (41) fue imputado por la complicidad de los hechos.

Foto: imecsp.com

Foto: imecsp.com

La profesora Eunice Vargas, esposa de Marín, envió una carta a los medios de comunicación en la que afirmaba que “él que se sabe inocente y no tiene por qué derrumbarse”.

Por otra parte, la esposa del enjuiciado comentó sentirse firme y expresó que a pesar del dolor, está fuerte y entera.

“Me siento rota, hueca, desgastada anímicamente y con una incalculable deuda de sueño. Morfeo no ha pasado en mucho tiempo por mi casa. (…) Sin embargo, no me verán caer, porque aunque siento muchas cosas, esos sentimientos están reservados en mi interior, porque hoy más que siempre Richard y nuestras hijas me necesitan entera, en una pieza y plena de fe, fuerza y firmeza”, dijo.

Ratificó su solidaridad “absoluta e irrevocable” hacia su esposo, quien describió como un hombre honesto, responsable, talentoso y trabajador.

A su vez, aprovechó para agradecer a todas las personas que los han apoyado durante el proceso, por las que no se ha sentido sola, incluyendo amistades, vecinos, representantes, colegas, familiares y exalumnos.

Concluyó haciendo un llamado contundente hacia quienes han juzgado a Marín, a través de las redes sociales y otros medios de comunicación, preguntándoles qué harán cuando se conozca la inocencia de su cónyuge.

A continuación reproducimos la carta íntegra de la esposa de Marín:

Mi Sentir

El que se sabe inocente, no tiene porque derrumbarse

Caracas, 15 de agosto de 2.016

Dicen que Dios no coloca cargas sobre nuestros hombros que Él sabe que no podamos soportar. Ha de ser cierto esto y pienso que por alguna razón nos está sometiendo a esta ruda prueba.

Hace ya más de un mes que mi hogar fue desmembrado, le fue arrebatada una parte muy importante: mi esposo y compañero de vida y padre de mis dos hijas, Richard Marín. El vacío que se siente es indescriptible, y el dolor y la rabia son constantes, así como también lo son la impotencia e indignación.

Me siento rota, hueca, desgastada anímicamente y con una incalculable deuda de sueño. Morfeo no ha pasado en mucho tiempo por mi casa. Me siento víctima de una mayúscula injusticia, de una terrible e imperdonable injuria. Porque sépase que quien lastima a un miembro de mi familia también me lastima a mí y arrastra en ello a dos hermosas niñas. Sin embargo, no me verán caer, porque aunque siento muchas cosas, esos sentimientos están reservados en mi interior, porque hoy más que siempre Richard y nuestras hijas me necesitan entera, en una pieza y plena de fe, fuerza y firmeza.

El que se sabe inocente no tiene porqué derrumbarse.

De igual forma expreso que no ha sido fácil, no voy a dar detalles de lo que a diario vivo en mi hogar y fuera de él. No voy a saciar el morbo a gente mal intencionada. Quédense con su poquedad de espíritu, porque el mío lo tengo blindado y presto a defender y apoyar a mi familia. Además, no estoy sola. Hay mucha gente maravillosa siempre dispuesta y colaborando conmigo; en especial, atendiendo a nuestras dos hijas en mi ausencia forzada. Esa ayuda es el reflejo de quiénes somos Richard y yo, de lo que hemos sembrado juntos compartiendo nuestras vidas y de los frutos que ahora cosechamos: el cariño, el respeto, el apoyo, la confianza y solidaridad de nuestras amistades, vecinos, colegas, conocidos, alumnos, ex-alumnos, representantes y por supuesto de familiares.

Aunque parezca contradictorio así me siento: rota, pero entera.

Por otro lado, en esta tribulación que estamos viviendo soy el hombro en el que mi esposo encontrará apoyo permanente. Soy los oídos que lo escucharán sin cerrarse. Soy su lazarillo en medio de las tinieblas que le obligan a cruzar. Soy su voz cuando otros le han negado la oportunidad de hablar. Soy su pilar de apoyo si en algún momento llegara a sentir que se va a derrumbar. En pocas palabras, porque lo conozco desde hace casi tres décadas, asevero y ratifico mi solidaridad total, absoluta e irrevocable hacia mi esposo, el profesor Richard Oswaldo Marín Torres, hombre trabajador, honesto, responsable y talentoso.

Finalmente, no dejan de rondarme algunas preguntas en la mente: ¿qué harán las personas que se han dedicado a injuriar a mi familia una vez que se sepa que mi esposo es inocente?.¿Cómo harán para recoger las semillas de odio esparcidas?. ¿Acaso se ocuparán siquiera de disculparse a través de las redes y medios que han usado para juzgarlo, etiquetarlo y sentenciarlo?. Seguro que no. Se callarán por un tiempo y estarán, desde sus oscuras madrigueras, esperando otra víctima sobre la cual hacer escarnio público e inyectar su veneno. ¡Pobre gente!

Profesora,

Eunice Idalmis Vargas de Marín

Orgullosa de mi familia

CI 10.698.357

Con información de El Estímulo.

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