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¡TE TOCARÁ EL CORAZÓN! La historia de un humilde heladero venezolano que enamora al país

Él es Ibáñez Isaías, tiene 61 años de edad y aproximadamente 15 años trabajando como vendedor de helados.

Es increíble la energía y la ganas de seguir adelante con su vida. Es un Sr. que te contagia con su sonrisa y definitivamente le gusta su trabajo.

Heladero-venezuela-helado

Créditos: Andrés Modesto

Le encanta atenderte, ya que no paraba de mostrarme los modelos de helados que llevaba en el carrito. (Lo observé y me dio nostalgia porque este hombre debería estar acostado disfrutando de sus nieticos etc.).

Me preguntó mi nombre para poder atenderme y mientras lo hacía yo estaba pensando en:

“Lo alegre que está el Sr. Ibáñez y muchos de nosotros nos pasamos la mayoría del tiempo quejándonos por todo y son estas historias las que definitivamente me sacuden por dentro porque me hacen entender que estamos vivos y si un Sr. o mejor dicho este hombre se levanta y está decidido a ganarle la batalla a la crisis y a la vida, ¿Por qué nosotros no?”

Debemos copiar y aprender de estas vivencias porque definitivamente te marcan en el alma. He recorrido y estado en muchos lugares pero jamás vi tanta emoción por tener un trabajo y una excusa para distraerse y luchar.

Mientras me recomendaba cual helado era el más sabroso (obvio me buscó un Magnum que según él “es el helado más rico de todos”).

Le dije que quería 2, uno para él y otro para mí.

Se echó a reír y me contestó: “¿Cómo?”

Se lo repetí y le dije “Sí, deme 2, hoy le quiero brindar su helado favorito. Un gran magnum de chocolate”.

Inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas y se puso a llorar. Me dijo que lo disculpara pero que JAMÁS nadie le había brindado nada y mucho menos unos de sus heladitos.

Me le acerqué y sonriendo traté de animarlo bromeando le dije: “Tranquilo usted llevó muchas alegrías a niños y personas que siempre se detienen a comprar un helado. Hoy le toca a usted, pero NO llorar, sino reír”.

Mientras nos comíamos los helados le hablé un poquito del país y de la Venezuela que estamos viviendo, también le pedí que me hablara de como era o como es su Venezuela. Me dijo esto:

“Andrés, Venezuela es lo más hermoso que hay, no cambiaría mi tierra por nada, nací aquí y aquí me moriré. Mis hijos han estudiado y salido adelante y aunque la Venezuela de ahora parezca destruida, hay que levantar los pedazos y soldarlos nosotros mismos”.

“Fíjate, hoy Venezuela me presentó a un joven llamado Andrés que sin ningún interés me brindó un helado y no es el valor del helado, sino el gesto. Deseo que sigas con eso y le digas a la gente: hay un dicho que dice: “Ayúdate que Dios te ayudará”

“Y sobre la crisis tengo que decirles que saliendo a trabajar sin detenernos podemos ayudarnos y siempre buscando a Dios.”

Su consejo me pareció sensato. El Sr Ibáñez conoció una Venezuela que estaba llena de oportunidades y por ser terco y orgulloso NO quiso aprender y estudiar, Solo quería vivir (NO lo crítico, cada quien es libre de llevar su vida como desee.)

Pero en mi caso, quiero viajar más, conocer mejor cada rincón de Venezuela y seguir mostrándoles a todos los dos lados de un país que pide a gritos PAZ.

Me despedí de este gran amigo nuevo. Le pedí un último favor y era que me dejara sonar las campanas del carrito (jajaja, un sueño que siempre tuve y quise hacer).

El Sr. Ibáñez me dijo: “Tú eres un niñito Grande. Suerte muchacho, gracias y que Dios le bendiga”.

Así fue como conocí a un grande que hoy entra en: #VenezolanosConCorazon.

Escrito por: Andrés Modesto. / PróximaExtación@ProximaExtacion



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